Opinión

Blas Garay … ¡volvé

Jorge Rubiani Ante la dubitativa y desconcertada democracia paraguaya de finales del siglo XIX, Blas Garay publicó en «La Prensa» el recordado: «A pasado de glorias, presente de

 

Jorge Rubiani

Ante la dubitativa y desconcertada democracia paraguaya de finales del siglo XIX, Blas Garay publicó en «La Prensa» el recordado: «A pasado de glorias, presente de ignominia». Una detallada relación de la firme y digna actitud de nuestros déspotas de antaño, en oposición a la saga de claudicaciones de la política paraguaya tras la guerra contra la Triple Alianza. El escrito apareció el 20 de Junio de 1899, seis meses antes que Garay fuera baleado y muerto. Y aunque no es deseable que nadie muera hoy por reclamar firmeza a nuestras autoridades, éstas siguen tan dubitativas y desconcertadas como en aquel tiempo.

Con un grave aditamento: la impúdica exhibición de una pusilanimidad que nos avergüenza (Pusilánime: del latín pusillanimis, falta de ánimo y valor para soportar desgracias o superar grandes desafíos). Hemos sido insultados con el desaire regional y la desconfianza del resto del mundo por cumplir -simplemente- mandatos constitucionales que, si sumarios y perentorios, fueron «cartón y pan pintado» frente a la celeridad con que Nicolás Maduro fue proclamado presidente de Venezuela. En medio de un arsenal de irregularidades y sin siquiera secarse el sudor de la campaña electoral, Maduro fue convertido en miembro pleno del Mercosur. Y será nuestro invitado. La misma ex Canciller que en ejercicio de tan importante cargo, había declarado: «Brasil puede hacer lo que quiera con sus archivos» (en relación a los «archivos secretos»), nos lo anunció: el «Señor del Petróleo» y quienes le rinden pleitesía, estarán entre nosotros el 15 de Agosto próximo.

Las afrentas inferidas a nuestro país y autoridades en este último tiempo hasta niveles de sainete, fueron promovidas en las más de las veces, por el susodicho señor y su corte. Precisamente Maduro, que con sus expresiones y huestes bolivarianas afines, nos recuerda tan vívidamente a la dictadura de Stroessner y toda su parafernalia protocolar. ¡Igualitos! … el mismo desdén a la diversidad, igual menosprecio al espíritu crítico, terror al desacuerdo. El mismo fascismo, calificativo que él y los suyos pretenden endilgar -vanamente- a quienes se les opongan. No debiera sorprendernos, el recientemente autoproclamado «líder de América» (ni Simón Bolívar se atrevió a tanto) cumple los presupuestos que la historia enseña: que los dictadores no tienen colaboradores o consejeros, sino secuaces. Y que éstos, sin los brillos intelectuales, picardías o perspicacias de aquellos, enfatizarán sus groserías y desbordes para demostrar que no son menos que sus mentores. Así, aunque Maduro «no sea el comandante Chávez»… escucha sus trinos desde el más allá, maneja el mismo dinero y hace lo que hace …como él sabe. Y para que todo no sea tan igual, nuestra izquierda local -la paraguaya- le apoya. Debe ser una variedad desconocida del llamado síndrome de Estocolmo, especie de relación de complicidad o vínculo afectivo entre víctimas y verdugos.

De la misma calaña que Stroessner y su banda del Operativo Cóndor, Maduro y los suyos son iguales que aquellos. Por más que adoben su vocabulario con expresiones de la heroica izquierda que enfrentó a las siniestras dictaduras de los ’60 y ’70. Stroessner y Maduro son tan semejantes que el primero y su slogan: «Pueblo, Gobierno y Fuerzas Armadas», es la matriz del estamento castrense venezolano que se declara «chavista, bolivariano y socialista» con el mismo pendón rojo que identificó a los «macheteros de Santaní» o a la «caballería republicana». Iguales por el ejercicio de un poder despótico, absoluto y desmedido como factor de adhesión y mecanismo de intimidación. Para forzar el apoyo de los no muy «entusiastas», arremeter contra los opuestos, intimidar a la prensa, alinear al Poder Legislativo y arrinconar la Justicia. La misma dictadura de antes revestida con el ropaje democrático de ahora, con los autoritarios de siempre. Los que hacen mofa de quienes participamos de la «fiesta electoral» o conservamos esperanzas (muy menguadas) en el libre juego de las instituciones democráticas.

 
Pero el Sr. Maduro será nuestro invitado. Junto a los representantes de la renovada Triple Alianza, será objeto de la «hospitalidad paraguaya». Sin que la  -o los- propiciadores del convite recuerden que meses atrás, cuando todo el Mercosur se permitía consejos sobre lo que el Paraguay debía hacer y lo que no, y ardían reproches y amenazas que se reiteran desde 1813, un mayoritario contingente de políticos, empresarios, comunicadores y de opinión pública, coincidíamos en que llegado el momento -QUE ES AHORA- había que dar respuestas claras y firmes a semejante desplante. Hoy sin embargo, ya no se recuerdan exigencias ni condiciones. Nuevo vy’a guasu en puerta, con invitados jurídicamente impresentables pero «políticamente conveniente$». Como si nada hubiera pasado.

Ante el hecho, no cabe más que un consejo (gratis): NO DEBERÍA INVITARSE A NADIE de ningún Estado que no tenga Embajadores en Asunción EN EL MOMENTO DE DISTRIBUIRSE LAS INVITACIONES. Es lo que hubieran hecho el Dr. Francia, los López, Eligio Ayala o el general Estigarribia. Es lo que hubieran aconsejado Blas Garay, Juan de la Cruz Ayala, Lisandro Díaz León o Waldino Ramón Lovera. Porque sólo cuando ejerzamos la dignidad que corresponde a tanto legado histórico -como lo pretendió Blas Garay poco antes de morir- accederemos a las relaciones de iguales que siempre debiéramos pretender. Con todas las naciones, aunque la balanza comercial no lo refleje.

Algunos de «criterio pragmático» dirán que con esta actidud no conseguiremos nada. Es posible. Pero como apocado e irresoluto furgón de cola, sólo obtuvimos hasta hoy, desprecio y menoscabo. Y ya es hora que esto termine… 

#Jorge Rubiani#mercosur#Nicolás Maduro#venezuela

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