Opinión
Paraguay ingüeroviable…
Román Caballero (romanacaballero@gmail.com) Sí, realmente nuestro país es increíble. Otro modo autóctono de describirlo sería: “ndaipori ombojojahá”: no hay nada que lo iguale. Herminio Cáceres,
Román Caballero (romanacaballero@gmail.com)
Sí, realmente nuestro país es increíble. Otro modo autóctono de describirlo sería: “ndaipori ombojojahá”: no hay nada que lo iguale.
Herminio Cáceres, el inefable dirigente colorado, fue uno de los primeros iluminados en denominar al Paraguay como “país de maravillas”. Y, pensándolo bien, tuvo razón.
Primero por su historia: conflictos bélicos aparte, ahí tuvo origen el primer grito libertario de América con la revolución de los comuneros. También el primero en proponer la creación de una Confederación de Naciones Latinoamericanas entre las recién emancipadas de las monarquías europeas, a través de la memorable nota del 20 de julio de 1811 enviada a Buenos Aires. Y ni hablemos de su fecunda tarea de fundador de ciudades.
Hoy es el único país sudamericano que goza de todas las libertades habidas y por haber. Por ejemplo, no se prohíbe ni se restringe a los ciudadanos su libertad de desplazamiento para que puedan vivir en cualquier sitio del planeta que ellos elijan. Es más, se crean las condiciones necesarias para que ello ocurra. De esta manera patriótica el índice de desocupación es bajísimo.
Los partidos políticos coinciden totalmente en un solo objetivo: llegar al poder y mantenerse en él, sin recurrir a fastidiosas cadenas nacionales a los que nos tenía acostumbrado el innombrable.
Tenemos una frontera abierta de ida y vuelta mediante el cual podemos consumir todo lo que apetezcamos a valores accesibles y por esa misma vía exportar a artistas para que hagan conocer al mundo la riqueza de nuestras polcas, guaranias, cumbias y cachacas. Y algún que otro ritmo regatón… sin odiosas barreras arancelarias o pararancelarias que lo impidan.
Poseemos la mayor cantidad de energía hidroeléctrica del continente, que usamos para confraternizar con nuestros hermanos limítrofes autorizándolos a su usufructo y que a cambio nos paguen un precio inverosímil en billetes verdes que posteriormente se invierten en el desarrollo estratégico del Paraguay, verbigracia, mantener la plantilla y recursos del Tribunal Superior de Justicia Electoral, para que cumplan eficientemente su función.
Asimismo, nuestra ubérrima y fértil tierra produce –gracias a las semillas transgénicas del Santo Mon- cantidades impresionantes de granos, cereales, oleaginosas y algodón que las transnacionales comercian mundialmente incluso con países tan lejanos como China. Así contribuimos a la alimentación e industrialización del mundo y de paso ingresan divisas para otros menesteres.
Otra cosa positiva es que el ejemplo dela Asociación Paraguayade Fútbol, al contratar a directores técnicos de otras nacionalidades para que la albirroja pueda clasificarse en algún torneo mundial, ha prendido en el gobierno: éste ha designado como asesor en materia energética al economista norteamericano Jeffrey Sachs especialmente en lo relativo a las negociaciones con la gigante electrointensiva Río Tinto Alcan que en un futuro no muy lejano instalará en nuestro terruño su fábrica de aluminio.
Sólo falta un paso más: traer técnicos y gobernantes de países exitosos en su gestión: Taiwán, Corea, Israel, Japón, solo por nombrar a algunos, sin permitirles que opten por la nacionalidad paraguaya. No sea cosa que se contagien de nuestra idiosincrasia.
Ah… casi lo paso por alto: para completar un equipo cañón habría que integrar a abogados y sacerdotes. Unos para que solucionen algún improbable incidente con algún país nervioso o envidioso y otros para que nos prediquen que en el más allá, también existe otro paraíso similar al que vivimos.
Pero hay una cosita más aún: que alguna maestra le enseñe a los senadores -que se enojan con periodistas locales- que “non calentarum largum vivirum”.
Además, para completar nuestro país de maravilla y de ensueño, contamos con un tesoro incalculable: “nuestras heroicas nobles mujeres que en su hermosura son un primor, son hacendosas en sus quehaceres y son la gloria para el amor…” ¿Qué más podemos pretender?
Nada más, porque pedir a los políticos que – por el bien de la patria y sus habitantes- se abstengan, es una reverenda y colosal pérdida de tiempo…



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